La Cama de la Bestia

Porque la gente [QUIERE] saber lo que me pasa…

¿Qué es la Monósfera? por David Wong

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Versión neolítica de "El Pensador"

“Una muerte es una tragedia. Un millón de muertes es estadística”
– Kevin Federline

¿Qué relaciona a los monos con la guerra, la opresión, el racismo e incluso el spam por e-mail? Verán que de repente toda la azarosa crueldad del mundo tendrá sentido, cuando vayamos Dentro de la Monósfera

“¿Qué demonios es la monósfera?”

Imaginate a un mono. Un mono vestido de pirata, si te ayuda. Llamémoslo Slappy.

Imaginá que Slappy es tu mascota e imaginale una personalidad. Tal vez los dos tengan pequeñas aventuras de piratas monos y finalmente los dos se junten a combatir el crimen. Pensá cuán triste estarías si Slappy mueriera.

Imaginate ahora que tenés cuatro monos, a los que llamaremos Tito, Burbujas, Marcel y TiraMierda. Imaginales personalidades; tal vez uno sea agresivo, otro afectuoso, otro tranquilo y uno de ellos arroje mierda todo el tiempo. Pero todos ellos son tus amigos monos.

Ahora imaginate cien monos.

No es tan fácil ¿cierto? Entonces ¿cuántos monos deberías tener para ya no poder recordar sus nombres? ¿En qué punto, en tu cabeza, tus adorables mascotas pasan a ser un mar de monos sin rostro? Aún cuando cada uno de ellos fuera idéntico a Slappy en cada una de sus facetas, hay un punto en que realmente te deja de importar si uno de ellos muere.

Entonces ¿Cuántos monos son necesarios para que deje de importarte?

No es una pregunta retórica. Sabemos el número.

“¿Todo esto es una crusada contra la superpoblación de monos? Hoy mismo llevo a castrar a los míos”

Ehm. No. Todo  se aclarará en unos instantes.

Hace un tiempo, los expertos en monos condujeron un estudio de monos y descubrieron que el tamaño del cerebro de los monos determinaba la cantidad de monos que se podían juntar en grupo. A mayor tamaño de cerebro, mayor el tamaño de las sociedades que conformaban.

Revisaron tantos cerebros de monos que podían agarrar un cerebro que nunca antes habían visto y predecir -acertadamente- el tamaño de la tribu que esa especie de criatura podía conformar.

La mayoría de los monos se maneja en grupos de a 50, más o menos. Pero una vez alguien les dio un cerebro un poco mayor que el de un mono, y estimaron que el tamaño ideal de grupo o sociedad que este animal en particular debía formar era de 150.

Este cerebro, claro está, era humano. Probablemente de algún vagabundo que raptaron de las calles.

“¿Tanto quilombo para esto? ¿Para decir que los humanos somos la secuela con alto presupuesto que Dios hizo de los monos? ¿Quién no lo sabe?”

Es mucho, mucho más profundo que eso. Veamos un ejemplo:

Tim Russert, un comentarista de la Televisión, cuenta una historia encantadora sobre su padre en su libro Big Russ and Me (el título se refiere a su escondido romance con el actor Russel Crowe). El papá de Russert se tomaba media hora para meter en caja cualquier pedazo de vidrio roto que tuviera que tirar a la basura. ¿Por qué? Porque “el basurero podría cortarse las manos”.

Que eso sea tan inusual ilustra mi punto sobre los monos. Nadie se detiene a pensar en el bienestar del basurero, aún cuando cumple el vital rol de evitar que vivamos en una cueva escarbada en una montaña de nuestra propia mugre. Raramente consideramos su saludo y bienestar; y si lo hacemos, no nos preocupamos de la misma manera que lo haríamos por nuestro mejor amigo, o nuestra esposa, o novia, o incluso nuestro perro.

La gente tira botellas medio llenas de destapacaño a la basura, sin siquiera pensar qué podría pasarle al basurero si le salpicara en los ojos. ¿Por qué? Porque el basurero existe fuera de la Monósfera.

“Ahí está la palabrita otra vez…”

La Monósfera es el conjunto de personas a las que cada uno de nosotros, usando nuestros macacos cerebros, podemos conceptualizar como personas. Si los científicos mónicos están mononamente en lo cierto, es físicamente imposible que este número sea mayor a 150.

Nuestro amigable vecino trabajador de salubridad no suele entrar en nuestra Monósfera. Por ende, no pensamos en él como persona. Lo imaginamos como La Cosa Que Hace Desaparecer A La Basura.

Y aún el basurero de tu cuadra te cae bien, todos tenemos límites en nuestra esfera de preocupaciones primáteas. Es la forma en que está construído nuestro cerebro. Cada uno de nosotros tiene un cierto círculo íntimo al que consideramos personas. Usualmente se trata de nuestra familia,  amigos y vecinos; y tal vez algunos compañeros de clase, o laborales, de la iglesia o de nuestro culto suicida.

Aquellos que existan fuera de ese núcleo de apenas una docena de personas no son personas para nosotros. Son una especie de personajes monodimensionales [NdT: prefijomono de único, no aludiendo al tema de los primates].

¿Recuerdan la primera vez que vieron a una de sus maestras fuera de un salón de clases, siendo niños? Tal vez vieron a la vieja Srita. Puckerson en un Taco Bell comiendo porotos refritos con una pajita; o a la directora saliendo de un negocio de consoladores. ¿Recuerdan la sensación surrealista que tuvieron al ver que esta gente tenía una vida fuera del colegio?

O sea, no son gente. Son maestros.

Entonces ¿A qué viene todo esto?

Oh, a nada. Es simplemente la principal razón por la que la sociedad no funciona.

Por ejemplo: ¿Qué te conmovería más, la muerte de tu mejor amigo o una docena de niños que viven en la otra punta de la ciudad que mueren porque el conductor de su micro chocó contra un camión que acarreaba abejas asesinas? ¿Qué te golpearía más, la muerte de tu mamá o ver en las noticias que un terremoto en Irán mató a 15.000 personas?

Todos son humanos, y están todos igualmente muertos. Pero cuánto más cerca están de nuestra Monósfera, más nos importa. De la misma manera en que tu muerte no le significará nada a los chinos o, para el caso, a pocos que estén a más de 30 metros de donde estás ahora.

“¿Por qué debería sufrir por ellos? ¡Ni siquiera conozco a esta gente!”

Exacto. Esto es tan profundo que sonaría un poco ridículo incluso sugerir que deberías sentirte igual ante su muerte que ante la de tu mejor amigo. Tenemos arraigados los drásticos dobles estándares con que tratamos a la gente dentro de nuestra Monósfera versus el 99,99% de la población mundial que se encuentra por fuera.

Recordá esto la próxima vez que estés recaliente por el tránsito, haciendo gestos ofensivos con la mano y sacando la cabeza por la ventanilla al grito de “¡APRENDÉ A MANEJAR, HIJO DE PUTA!”. Imaginate actuando de manera similar ante un grupo más reducido. Por ejemplo, si estuvieras en un ascensor con dos amigos y un compañero de trabajo, y uno de los amigos apretara el botón equivocado. ¿Te asomarías y, teniendo tu boca a cinco centímetros de su oído, le gritarías “¡APRENDÉ A USAR LOS PUTOS BOTONES, IMBÉCIL!”?

Creerían que te volviste loco. Sin embargo, todos enloquecemos un poco cuando estamos en grupos mayores a los de nuestra Monósfera. Por eso uno tiene esa sensación de anónima invencibilidad cuando está sentado en una multitud, puteando a jugadores de fútbol a los que nunca les diría nada en la cara.

Yo soy bueno con los extraños. ¿Alguna vez consideraste que tal vez sólo seas un forro?

Desde luego, probablemente uno no desvía su camino para maltratar extraños. Probablemente no se desvíe para maltratar perros callejeros, llegado el caso.

El problema es que, eventualmente, tus necesidades o las de alguien dentro de tu Monósfera requerirá que te cagues en alguien por fuera de ella (aún si dicha necesidad no es más que ventilar un poco de ira a través de insultos exagerados). Por esto a ninguno de nosotros se nos cruzaría por la cabeza robarle plata a la viejita de al lado, pero no dudamos en colgarnos del cable, agregar alguna turbia exhimición de impuestos, o celebrar en silencio cuando se olvidan de cobrarnos algo en el restaurante.

Podrás tener una lista de razones lo suficientemente larga como para rodear la Tierra, pero la verdad es que en nuestros cerebros de mono la vecina mayor es un ser humano, mientras que la compañía de cable es una enorme y fría máquina sin rostro. Que la compañía no es más que un grupo de personas, tan humanos como la viejita; o que algún tipo de viejecita trabaje allí y pudieran perder sus empleos si se robaran suficientes cables, ni se nos ocurre.

Por cierto, esa es una de las cosas ingeniosas que tienen las grandes religiones. Los escritores religiosos de antaño sabían que era más fácil echarle la culpa a los extraños, por lo que nos inculcaron la idea de un Dios personal en nuestras cabezas que nos dice “No importa a quién lastimes, en realidad me lastimás a mí. Y te puedo aplastar como a una uva”.
Tenés que admitir que, aún si estas palabras no vienen del Todopoderoso, al menos esta gente entendía el concepto de la Monósfera.

Está en todos lados. Una vez que entendés el concepto, empezás a ver ejemplos por todos lados. Caminás alucinado por todos lados, como Roddy Piper cuando se pone sus anteojos de sol de rayos X en They Live.

Pero esperá, que esto crece y se hace mucho, mucho más raro…

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Written by bestiadurmiente

05/10/2010 a 1:46 am

Publicado en Sociocultural

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  1. […] un comentario » Si todavía no leyeron la primera parte, no sé qué están […]


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